ARTÍCULO Q02: ¿Mundial de fútbol o reconstrucción?, ese es el dilema…

Luis Alberto Álvarez Villalobos. Ciudadano de Valparaíso y arquitecto.
Fotos: Álvaro Sepúlveda

Sin duda la inauguración del mundial de fútbol 2014, que tiene lugar en un Brasil convulsionado por las manifestaciones y reivindicaciones de miles de personas que exigen en las calles; trabajo, educación y salud, acapara la atención de todos los medios de comunicación, nacionales e internacionales, los mismos que hace exactamente dos meses, cubrían con igual interés el mayor incendio de la historia de Valparaíso.

Según fuentes oficiales, este incendio dejó más de 12500 personas damnificadas, cerca de 3000 viviendas siniestradas, 15 personas perdieron la vida y más de 500 personas quedaron heridas.

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Estas dramáticas cifras gatillaron la movilización del gobierno y las autoridades, decretando para Valparaíso, zona de catástrofe, y estado de excepción. El municipio por su parte habilitó albergues y coordinó la ayuda, por medio de organizaciones oficiales y no gubernamentales.

Grupos auto-gestionados formados por colectivos comunitarios, culturales, políticos y ciudadanos se organizaron para trasladar la ayuda de techo, ropa y comida a las familias afectadas.

La tragedia también movilizó a miles de voluntarios, a quienes vimos, como de forma solidaria y altruista subían en filas interminables los cerros para trabajar removiendo escombros y cenizas, dando apoyo físico y moral a las familias, hecho que ponía los pelos de punta y emocionaba hasta las lágrimas.

Hasta aquí, aparentemente el desenlace de esta tragedia iba a ser idílica, pero a lo largo de estos dos meses transcurridos, los medios y las redes sociales no han cesado su actividad. Son muchas y diversas las opiniones y testimonios vertidas, las cuales han provocado un “fuego cruzado” entre las sociedad civil y las autoridades.

IMG_0738Este fenómeno comunicacional ha provocado que se abra una caja de pandora, que ha “destapado la olla” del profundo debilitamiento del “edificio” o “estructura” política y administrativa regional, sumida en una crisis de desprestigio y falta de legitimidad, provocada por la incompetencia, negligencia e incapacidad de una gestión Municipal en ruina, cuyo modelo de desarrollo se ha basado en el endeudamiento público extremo, el embargo sistemático del patrimonio cultural de Valparaíso y la imposición de un sistema neoliberal voraz y perverso, que deja en manos de la iniciativa privada y los vaivenes del mercado, el presente y destino de la ciudad, en perjuicio de sus ciudadanos.

Si nos remitimos a los hechos, este “fuego cruzado” entre la ciudadanía y las autoridades comienza con la evidente incapacidad del Municipio para hacer frente a la gestión de la emergencia, la cual no hacía llegar la ayuda a las familias afectadas con la celeridad necesaria. Este hecho dio lugar a un fenómeno en el cual la organización ciudadana denominada “auto-convocados por Valparaíso”, basada en la auto gestión -sin precedentes en la ciudad-, lideró y gestionó la emergencia, supliendo en toda regla, el rol del gobierno regional, disminuido y desbordado por la dimensión de la tragedia.

Sin embargo, y a pesar de las criticas y el rechazo hacia las autoridades municipales por parte de los damnificados y la ciudadanía, la prepotencia pudo más que la vergüenza y el edil, Jorge Castro Muñoz (UDI), subió a los cerros, seguramente con fines mediáticos, protagonizando un exabrupto fuera de serie, insultando a un poblador afectado por el incendio, quien le encaró por la mala gestión municipal de la emergencia, y a quien el edil contestó públicamente frente a las cámaras: “Te invité yo a vivir aquí?, agravando su impopularidad y aumentando su rechazo ciudadano.

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Para poner en contexto y a modo de referencia, el año 2008, año en que el actual alcalde asumió el cargo, la deuda del municipio de Valparaíso era de $ 5299 mill. Actualmente es de $ 35000 mill, más de lo que recibe como presupuesto anual este municipio cada año. Para amortizar dicha deuda se están poniendo en venta y embargando activos e inmuebles de valor histórico de la ciudad, siendo un agravante más de su nefasta gestión.

No conforme con todo este cuestionable historial, un medio de comunicación afirma (con pruebas), que 5 altos funcionarios cercanos al alcalde Jorge Castro, se repartieron $4 millones en concepto de: ”trabajos de horas extraordinarias por imprevistos no programados en el mes de Abril del 2014”, correspondientes a los primeros días de la emergencia. Estas mismas horas extraordinarias las han hecho y siguen haciendo bomberos y ciudadanos voluntarios, de forma totalmente gratuita. Cabe señalar que Valparaíso encabeza el primer puesto la lista de mayor desempleo a nivel nacional con más de un 13% de la población activa sin trabajo. Si hubiese habido voluntad política por parte del gobierno central, ésta tragedia podría haber supuesto una gran oportunidad de inyectar recursos indirectamente en la región para fomentar la actividad laboral remunerada, a través de la gestión de la emergencia.

Foto0675A toda esta cadena de despropósitos, se debe agregar también que el municipio tenía pleno conocimiento del mapa de riesgo de incendios forestales y sabía cuáles eran las medidas de prevención que había que implementar. Dicho informe señala que estos incendios eran inminentes y que podían ser de grandes proporciones lo cual podía llegar a afectar también zonas urbanas, que lamentablemente coincidieron con las zonas urbanas siniestradas en este incendio.

No puedo dejar de mencionar tampoco, sin intención de ensañamiento, la nefasta política de suelo, que ha impulsado el municipio y su dirección de obras, dejando en manos de la iniciativa privada el “desarrollo” y la “transformación” de la ciudad. Vemos con estupor y perplejidad, como el perfil urbano se va desdibujando gracias a al “terrorismo inmobiliario” que se propaga con una velocidad inaudita, densificando la ciudad de forma innecesaria y exagerada.

Esta transformación agresiva y antinatural de la ciudad, es una clara medida desesperada e irracional del municipio (no tiene en cuenta el impacto vial, por ejemplo) para recaudar dinero fácil y rápido, satisfaciendo de paso, el ansia de lucro de las empresas inmobiliarias.

Este hecho atenta en contra de la intimidad de una ciudad cuyo valor arquitectónico y urbanístico se encuentra en la proximidad de la escala de barrio.

Por su parte el gobierno central, es sorprendido por este incendio a poco de asumir el cargo. Con una agenda para los 100 primeros días cargada de objetivos y metas, y ya con una catástrofe a cuestas producto del terremoto en la zona norte, buscó para esta tragedia el camino más corto; medidas subsidiarias, a través de un plan de reconstrucción elaborado al interior del MINVU.

El resultado de estas medidas: destinar $ 495 millones, en recursos para la reconstrucción, en forma de 4 tipos de subsidios dirigidos a las familias afectadas.

Un aspecto básico, pero relevante, es tener en cuenta que la escala del incendio ha tenido dimensiones urbanas y medioambientales, cuyo impacto social ha sido muy alto, por lo tanto aislar y reducir el problema a un asunto que se restringe solo a la reconstrucción de vivienda, no supone una solución real, ya que el problema se debe abordar en su conjunto y desde su raíz, por medio de instrumentos de planificación urbana y una gestión ecológica adecuada, implementando y ejecutando primero los cambios estructurales necesarios en el tejido de la ciudad, que redundan finalmente en la reconstrucción de viviendas. Esto vale decir, que a pesar del esfuerzo que hace el gobierno, estas medidas se deben considerar prematuras y de un evidente carácter paliativo.

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En este sentido es muy relevante que tanto el urbanismo como la arquitectura recuperen el aspecto social de la profesión, a partir, de un trabajo riguroso, que se inicie con la caracterización de las múltiples realidades familiares, para así obtener un conocimiento específico de las demandas y necesidades en materia de vivienda, y urbanismo, y saber previa y claramente las variables que están en juego, al momento de realizar una propuesta técnica, para que esta sea apropiada, incorporando todos los parámetros preliminares que hagan pertinente cualquier intervención, evitando así la reproducción uniforme y estándar del hábitat.

Puede ser una obviedad decir que no es lo mismo pensar y proyectar una vivienda para una pareja joven sin hijos, que la de una pareja de adultos con hijos, que cuidan de sus padres adultos mayores y discapacitados. Que además el primer caso se emplaza en un terreno horizontal y que el segundo caso se emplaza en ladera de cerro. Sin embargo estos distingos no se hacen a la hora de proyectar y se tiende a hacer soluciones “tipo” o “piloto”. En este caso las condicionantes sociales, topográficas, socio económica y culturales son tan diversas que exige una intervención no convencional, caso a caso, casa a casa.

Otro factor preponderante, tiene relación con la política nacional de vivienda vigente. Sabemos que por regla general las viviendas que entrega el gobierno a través del subsidio habitacional, son pequeñas, de calidades medio-bajas y en localizaciones donde los suelos son baratos, por tanto lejos de centros urbanos.

Este hecho hace que muchas veces la producción de este tipo de viviendas esté al filo de la navaja de la precariedad y la segregación urbana, cargando sobre las familias el peso político de estas medidas de austeridad, que se justifican en tiempos de “vacas flacas” y no en tiempos de bonanza económica como la actual.

La reconstrucción es un buen momento y una gran oportunidad de demostrar una voluntad por parte del gobierno que apunte a cambiar la lógica austera de la política habitacional de vivienda, la cual es esperable que esté basada en un enfoque de desarrollo humano, garantizando las condiciones básicas de dignidad, que permitan la vida plena de todos los ciudadanos.

En este sentido y como criterios generales la reconstrucción debería tener en cuenta la incorporación a sus proyectos de reinterpretaciones tipológicas propias de la arquitectura de Valparaíso, recuperando este valor que la distingue como ciudad en el mundo entero.

En relación con la reconstrucción de vivienda pero desde un punto de vista urbanístico, se pueden hacer varias lecturas respecto del crecimiento de la ciudad de Valparaíso.

En este caso concreto una de ellas es que una parte de las zonas afectadas por el incendio corresponden a área urbanas que se han ido emplazando cada vez más arriba de los cerros, empujadas por los altos precios de alquiler y compra de las zonas más cercanas al plan de Valparaiso, asociado a un fenómeno de “gentrificación” de la zona patrimonial (proceso de aburguesamiento de la ciudad), que sube el valor del suelo, y cuyas consecuencias son la segregación urbana, caldo de cultivo ideal para la proliferación de focos de precariedad, informalidad y desigualdad.

La vida en estas zonas, en términos de derecho a la ciudad, es, por lo general precaria a nivel medioambiental, urbano y de vivienda. Son zonas de muy difícil acceso, sin calles adecuadas para vehículos rodados, por lo tanto sin la posibilidad de que puedan acceder carros de bomberos, ambulancias, autos particulares, el camión de la basura, etc. Lejos de vías principales por lo tanto del transporte urbano. Con unas redes de servicios básicos con interrupciones permanentes, y falta de grifos, entre muchas otras dificultades.

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Tampoco existe una gestión medio ambiental de estas zonas, ni un mantenimiento que evite posibles focos de incendios forestales, ya que como hemos visto anteriormente, el municipio está al borde de la quiebra y estas partidas no suponen una prioridad en su agenda.

Esta tragedia ha abierto un debate que debe ser aprovechado para impulsar una intervención de regeneración urbana, que sea un modelo o paradigma y que sirva también en otras zonas urbanas degradadas de la ciudad, consiguiendo así que la ciudad de Valparaíso, toda, sea una unidad de valor patrimonial y no solo un atributo o privilegio de unos pocos cerros.

Para ello es clave que exista una mesa de debate, que convoque a los principales representantes y actores de la sociedad civil, implicados en el desarrollo de la ciudad, (autoridades, organismos oficiales, universidades, colegios profesionales, representantes comunitarios, ciudadanos, etc.), integrando acciones coordinadas y haciendo a la ciudadanía participe de las transformaciones de Valparaíso.

Este proceso de regeneración urbana, podría suponer el control de la explosión inmobiliaria innecesaria, por medio del fomento de la economía local a través de la inversión en programas de rehabilitación de viviendas y edificios abandonados o en estado degradado, teniendo en cuenta que parte de la economía local se sostiene en muchos casos gracias al alquiler de habitaciones e inmuebles de un enorme número de estudiantes de otras regiones y otros países que estudian en las universidades de la región junto con la numerosa población flotante de turistas. Este hecho marca una tendencia clara de demanda, en este sector, la cual debería ser aprovechada como motor de desarrollo para la ciudad.

La regeneración urbana sin duda es una forma apropiada de poder ampliar las zonas de interés de la ciudad y redistribuir así los recursos que deja el turismo.

Este proceso, debería ir acompañado por un plan de ejecución de los proyectos de corredores viales, tales como la unión del camino cintura y la avenida Alemania y el camino del agua, entre otros. Junto con ello una red de espacios públicos de interés medioambiental y ecológico en las quebradas, para hacer de la ciudad un sistema integrado de desarrollo, vinculados a su vez a una red de centros culturales.

Para esta transformación de la ciudad se deben tomar iniciativas que permitan dar una solución temporal de vivienda dignas a las familias que viven en las zonas de intervención, con planes que contemplen también la recuperación de inmuebles de valor histórico, destinados a viviendas de protección oficial, posibilitando el alquiler social o alquiler con derecho a compra.

Foto0680Se debe revertir el efecto “aspirina” que tienen las “media aguas”, aceptado por el inconsciente colectivo de Chile, siendo este remedio muchas veces peor que la enfermedad. De hecho mucho más confortables son las carpas tamaño familiar que se venden en los supermercados que cuestan prácticamente lo mismo que una media agua pero que al menos te dan la sensación de estar en un camping de vacaciones y no en una vivienda precaria. Se debería abolir este tipo de “soluciones temporales”, principalmente por que hay verdaderas multinacionales de la vivienda precaria que lucran y se benefician de la pobreza y la necesidad de las personas. No es posible que siendo Chile un país reconocido a nivel mundial por su arquitectura (2º lugar en la bienal de Venecia 2014), cada vez que hay una tragedia se responda con “medias aguas”, las cuales muchas veces terminan siendo la vivienda definitiva. Es necesario convocar un concurso público de proyectos para pensar una vivienda de emergencia digna. Hay suficientes escuelas de arquitectura y arquitectos como para obtener buenos resultados.

Otra iniciativa posible sería la de comprometer al sector inmobiliario a ceder durante el tiempo que dure el proceso de urbanización, viviendas vacías para alquiler a precio social.

Para conseguir que exista un consenso qué le de un rumbo claro a la gestión de la ciudad haciendo valer los procesos democráticos, la participación de los ciudadanos en estos procesos es vital.

En este caso concreto tanto el programa de reconstrucción, como el plan urbano, como el plan regulador, etc. deben partir de una base social, de la implicación y el trabajo activo de las familias afectadas o sus representantes, en todas las fases del proceso y quienes finalmente son los que validen las propuestas.

Es clave, una rearticulación de todos los actores para recomponer el tejido social que está actualmente fracturado y fragmentado. Hay un debilitamiento claro de las estructuras administrativas y política de los gobiernos regionales, y un distanciamiento que desincentiva a la comunidad a participar activamente en la solución colectiva de los problemas y es el momento de revertir esta tendencia.

Se ha demostrado en esta emergencia que la capacidad organizativa existe, pero que hay un rechazo a las autoridades oficiales, que no contribuye a que esa fuerza crezca como motor de desarrollo y cambios que repercutan positivamente en la toma de decisiones para la ciudad y sus ciudadanos.

El desafío hoy es el de poder articular actores, para trabajar de forma integrada y coordinada, para que el esfuerzo esté focalizado y se puedan solucionar las urgencias y alcanzar los objetivos y metas que la misma ciudadanía demanda.

Es urgente romper con el ciclo de corrupción, y las políticas perversas, que tanto daño está haciendo a la sociedad y a la ciudad, necesitamos, líderes ajenos a cualquier interés personal, que recuperen valores universales en beneficio del bien común.

Valparaíso requiere la fuerza de sus ciudadanos, la energía de sus jóvenes, la inquietud y conocimientos de sus estudiantes, la investigación e innovación de sus universidades, la ética de sus profesionales y la experiencia de sus mayores, para sentar las bases y dar un rumbo de dignidad al presente y futuro de la ciudad.

Hago un llamado a formar parte de una plataforma donde se pueda abrir un debate sobre el proceso de reconstrucción urbana, social, económica, política y cultural de Valparaíso, con un enfoque participativo y democrático en la toma de decisiones, como contribución a la regeneración de nuestra ciudad para que algún día todos podamos vivir una vida plena en ella.

Está claro que los estragos y coletazos del incendio, golpean con fuerza y hacen cuestionar la legitimidad de quienes están a cargo y son responsables de administrar, social, política, cultural y económicamente una región y sus ciudades.

No quiero terminar sin antes agregar que parece urgente la creación de un organismo que se encargue de gestionar las tragedias provocadas por terremotos, incendios y tsunamis, muy frecuentes en nuestro país, con la finalidad primera de salvaguardar vidas, educando en la importancia de la prevención y preparación frente a estas situaciones, junto con disponer de una red comunitaria integrada de alerta temprana que actúen de acuerdo a planes de contingencia. En este sentido agregar también la necesidad y urgencia de profesionalizar el cuerpo de bomberos cuya arriesgada labor debe ser remunerada.

Por último no nos olvidemos de las familias que viven en los cerros, quienes lo han perdido todo en este incendio o que viven en condiciones de precariedad y marginalidad. Ellos siguen necesitando el apoyo, la cooperación y la solidaridad de todos.

Algunas reflexiones anexas relacionadas al tema.

Ante este escenario no cabe duda que hay una serie de interrogantes y contradicciones que despejar, comparto algunas.

Cómo es posible que las gestiones de un municipio y de un alcalde, hagan tocar fondo con deudas tan exorbitantes, sin haber mecanismos de alerta previa, que evite poner en riesgo el bien común, social, económico y cultural de una ciudad?

Cómo es posible que un alcalde que lleva años en el cargo, realizando una comprobada y catastrófica gestión, haya sido reelecto y aún con un sin número de escándalos a cuestas, no haya dimitido, o haya sido destituido, por no tomar ninguna medida y poner en riesgo económico a la población?

Cómo es posible que los gobiernos centrales de turno, no tomen medidas para controlar e incentivar gestiones eficientes de los recursos en las regiones.

Cómo es posible que teniendo un puerto concesionado a una empresa de gestión privada que enriquece sus beneficios año tras año, no pague impuestos a la ciudad por su uso, condenando a Valparaíso a ser una ciudad empobrecida?….

Como es posible que siendo una ciudad patrimonio de la humanidad, también se entienda como parte del patrimonio la marginalidad y la precariedad?

Está en nosotros revertir esta situación. Actuemos!

Es todo.

Un saludo.

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