ARTÍCULO Q01: La gestión de hábitat en el boom inmobiliario y la soberbia calatravesca

Daniel Tobalina Atanet. Arquitecto.

Aunque ya se ha tratado y escrito mucho sobre la temática del boom inmobiliario del periodo 1995-2007 en España, desde Qatay queríamos aportar nuestro granito de arena en la denuncia de un modelo con el que no hemos estado de acuerdo, no sólo por las consecuencias que ahora percibimos de manera evidente en un contexto de destrucción de las garantías sociales en aras de una supuesta “recuperación” económica, sino porque en todo momento entrañó desde su gestación y en su desarrollo la puesta en marcha de un modelo neoliberal injusto, insostenible, irrespetuoso con el medioambiente y antisocial.

Sin ánimo de querer abarcar la descripción de todo el periodo, nos centraremos en dos cuestiones de interés desde nuestro punto de vista. Por un lado, las bases ideológicas del sistema, en tanto que opuestas de nuestros principios y que nos servirán para definir, por contraste, el enfoque de Qatay de lo que debería ser la gestión del hábitat. Por otro lado, a modo de ejemplo, una de sus materializaciones más evidentes, aunque no por ello menos consustanciales, la de los macroproyectos y en concreto los del arquitecto de mayor difusión entre la población, Santiago Calatrava, sin menosprecio de otros más al gusto del mainstream de la élite arquitectónica, como los de Nieto y Sobejano, de manera que se entienda igualmente por lo que apuesta Qatay en sus realizaciones concretas.

Las bases del periodo 1995-2007

Brevemente contextualizaremos el modelo inmobiliario español en la reestructuración europea realizada desde la crisis del petróleo de los años 70 y la entrada de España en Europa. En este tiempo se acentúa el modelo-país creado por la dictadura franquista con una parte creciente de la economía basada en el turismo y una desindustrialización del país en sus sectores clave, cada vez con mayor dependencia de los países del norte de Europa y menor cualificación en el trabajo, polarización que continúa en nuestros días bajo el mandato de la Troika. La existencia de financiación externa, el alto grado de concentración financiero y la especialización del país produjeron un ascenso fulgurante de lo que David Harvey llama el circuito secundario de acumulación de capital, esto es la revalorización inmobiliaria y la posibilidad de crear activos financieros sobre flujos futuros, o lo que es lo mismo, dinero ficticio. Es decir, el ciclo español es un ejemplo revelador del “éxito” de las políticas neoliberales de facto (con participación y dirección directa del estado y los organismos de control, no del inexistente y nunca visto liberalismo puro que reclaman algunos) y de los procesos de acumulación y competitividad territorial.

Este modelo conllevaba intrínsecamente la liberalización casi absoluta del suelo, la promoción de la vivienda en propiedad, fuertes consumos energéticos y de agua (en cuyo contexto se entienden los conflictos de los trasvases hidrológicos), devastación del paisaje, una economía no diversificada y mano de obra barata a través de la inmigración.

Seseña, un municipio que paso de 900 habitantes a más de 60.000

Por tanto, no hay que olvidar que este proceso se realiza con la participación estatal (Ley del Suelo del mandato de Aznar) y de las comunidades autónomas como agentes reguladores, que fomentan la competitividad inter-territorial para generar polos de concentración de los activos financieros a los que nos hemos referido. Una vez atraídos estos, se procedía a canalizarlos a través del desarrollo urbanístico, la construcción de viviendas, centros industriales, infraestructuras… lo que fuera con el fin de territorializar los activos y generar riqueza y con independencia de las necesidades y deseos de la población, de las verdaderas perspectivas de crecimiento demográfico y muy aparte de consideraciones medioambientales algunas. Proceso aberrante en el que, como receptores finales, tuvieron gran importancia los municipios, en donde pudieron desarrollarse fácilmente las redes clientelares y la corrupción. A modo de ejemplo, Muñoz Molina en su libro Todo lo que era sólido dice:

Las perspectivas para 2007 son aún mejores […]. Almuñecar (Granada) prevé construir 34.933 viviendas y cuatro campos de Golf, pasando de 26.000 a 90.000 vecinos. Sanabria de Guadiana, con 400 habitantes, pasa de 9 hectáreas urbanizables a 181. En el bautizado como “Manhattan de Cullera”, en la desembocadura del Turia, se levantarán 35 rascacielos. En Alicante un empresario gana 120 millones de euros al conseguir que se declaren edificables unos terrenos situados en un humedal. En Las Navas del Marqués el ayuntamiento aprueba la tala de 3.000 pinos para crear la “Ciudad del Golf”, que contará con 1.600 chalets, un hotel y cuatro campos de golf. […] Brea del Tajo, con 486 habitantes, quiere crecer según su alcalde hasta 6.000, edificando 2.731 viviendas sobre 2.450 hectáreas. El Municipio de La Vila Joiosa ha aprobado un plan para pasar de 25.000 a 137.000 habitantes, construyendo 34.633 viviendas y 3 campos de Golf. El ayuntamiento de Torrelodones retira la protección ambiental a un área de 20.000 encinas y 1.500 enebros, muy rica en aves protegidas, para construir 1.500 viviendas. La Comunidad de Madrid construye un campo de golf dentro de la ciudad, en terrenos del Canal de Isabel II originariamente destinados a parque público. En Pilar de la Horadada, Alicante, se construyen 5.200 viviendas de suelo rústico. Serranillos del Valle, a 32 kilómetros de Madrid, aprueba construir 1.430 viviendas y un campo de golf de 18 agujeros sobre 2.294.568 metros cuadrados de suelo rústico. […] El constructor Francisco Gómez, alias el Palomo, ignora una orden judicial y tala los 3.000 ejemplares protegidos del Pinar de Las Navas de Marqués. (Muñoz Molina, 2013:144,145,158)

Sólo unas pinceladas de las cifras mareantes que afectaron a municipios de todos los tamaños en su afán de atraer capital y lucrarse mediante la corrupción y los cohechos.

El hotel Algarrobico, símbolo de la corrupción y la destrucción de la costa

Como explica el Observatorio Metropolitano de Madrid, este proceso de acumulación se realizó por desposesión, es decir, mediante el saqueo de bienes comunes. En el periodo, pese al rápido enriquecimiento, no hubo subidas salariales, se endeudó a la población y los ayuntamientos, se devastó el suelo y el territorio sin necesidad, se consumieron con gran intensidad recursos naturales no renovables y no se tuvieron en cuenta para nada las externalidades negativas del proceso.

El resultado: un intenso ciclo económico con 6 millones de viviendas construidas (sin trabajo para el sector para las próximas décadas), sin ninguna bajada de precios ni mejora del acceso a la vivienda (el precio del metro cuadrado se multiplicó por tres y el crédito hipotecario por once), un fuerte endeudamiento familiar y un aumento espectacular del consumo durante el periodo. Este último punto es el que hace añorar tiempos mejores por su capacidad de lubricar la economía, desde los postulados de sempiterno crecimiento capitalistas.

Para terminar esta primera parte, queremos destacar el inexistente espacio de participación dejado a la población, la comunidad, los colectivos… en este modo de gestión del hábitat, negándose el derecho a la transformación de la ciudad en la que viven. La socialización de la toma de decisiones ha sido sistemáticamente relegada a expresiones irrisorias, irresponsables y de falta de respecto, como ejemplifica la falta transparencia en la tramitación de los Planes Generales Municipales. El resultado a nivel urbanístico ha sido devastador medioambientalmente, pero también socialmente, con la creación de barrios despersonalizados y fantasmales, sin cuidado con la escala urbana, como se puede ver en el norte y este de Madrid con los PAUs: Las Tablas, Sanchinarro, Vallecas…

El "modelo" urbanístico y espacial de los PAUs

Las infraestructuras

Como rótula entre nuestro primer tema y el segundo, los macroproyectos, utilizaremos las infraestructuras como factor de cambio de escala. Cuando la lógica no era otra que la que acabamos de explicar, ciertos dogmas justificaron la validez del sistema: datos macroeconómicos, PIB, índices de crecimiento… Además, como en el caso de las infraestructuras, ciertos discursos como acudir al complejo de inferioridad, tan español, con respecto a los europeos hicieron buena, por infinitamente repetida, la máxima del déficit de infraestructuras en España, aun cuando ya no era cierto, autojustificando la perpetuidad del modelo. Algunos datos nos lo demuestran:

– España es el país Europeo con más número de autovías y autopistas, con 15.621 km., también en términos relativos de km./habitante. Sólo hay dos países en el mundo con más kilómetros: EEUU y China, ligeramente mayores en superficie a España.

– Somos el segundo país del mundo en kilómetros de trenes de alta velocidad (AVE), tras China, por delante de Japón. Sin embargo, somos los que menos los usamos ni necesitamos, con un 7% de los pasajeros que tiene el país nipón.

– Hay 51 aeropuertos en el Estado español, el doble que Alemania con 24 aeropuertos, un PIB tres veces mayor y el doble de población.

Sin embargo, paradójicamente, esto no significa que tengamos las mejores infraestructuras, ya que se ha gastado tanto en aumentar la capacidad (aumentar la oferta sin gestionar la demanda) que existe un déficit de mantenimiento, de calidad, de igualdad de acceso y de potenciación de una movilidad más sostenible y de cercanía.

¡Todo esto realizado en ausencia de política de transporte alguna! Lo único existente han sido los Planes de Infraestructuras, que no de transporte, por lo que tenemos al final unos transportes caros, insostenibles, una red ferroviaria languideciente y, como colofón, no se ha generado empleo estable en el sector.

El único objetivo de la comparación con los países del entorno no era el aprendizaje de modelos sostenibles, de creación de empleo, de potenciación de las energías renovables, de fomento del consumo responsable o de adecuación de la oferta a la demanda (como sí se intenta en otros países), sino que era poner en juego un modelo con alto grado de consenso entre la población pero que en el análisis conjunto, sólo proveía el enriquecimiento sin límites de unos pocos en detrimento del futuro de todo el país, como vemos en la actualidad.

A modo de inciso, comentaremos que la crítica a este modelo de devastación no surge “a toro pasado”. Desde diversas instancias, minoritarias entre la embriaguez triunfalista imperante, surgieron voces: periodistas, pensadores y, en una reivindicación inmerecida de nuestra profesión, algunos urbanistas, que pensaron que estábamos en medio de un despropósito.

Los macroproyectos

El otro caso por excelencia de aplicación de la política de vanidad insultante que caracterizó la época son los megaproyectos o el “Efecto Bilbao”.

Lo que comenzó con un proyecto simbólico de regeneración de la ría de Bilbao, el famoso Guggenheim, se convirtió en el adalid de la atracción del capital volante hacia los polos de competitividad territorial. La existencia de uno de estos megaproyectos avalaba por sí sola cualquier gasto público, por desmesurado que fuera, con los únicos justificantes de la apelación al orgullo regional (nosotros también tenemos derecho y nos lo merecemos), a la ciudad-imagen-marca, a la turistización de nuestras ciudades como potenciación de nuestro papel en Europa o a las supuestas bondades del “edificio singular”, que a su vez merecía que los arquitectos en boga (nunca los mejores ni más razonables) vieran realizados sus sueños más extravagantes y megalómanos. Daba igual, ¡si se puede pagar! Claro está endeudando a la sociedad. El resto de factores y consideraciones quedaba en un segundo plano ya que las ideas felices de los politicuchos de turno prevalecían ante los valores de racionalidad, austeridad (a la que tanto apelan ahora), equidad, calidad… Tenemos ejemplos por todas partes: costes galácticos sin sentido (Ciudad de la Cultura de Galicia), negligencia deliberada de los informes medioambientales (soterramiento de la M-30 en Madrid), pobre calidad de la construcción (Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, Edificio Mirador en el PAU de Sanchinarro en Madrid), incongruencia entre necesidades reales y ficticias (aeropuertos, museos…).

El valor de mantener lo que ya existe, darle un uso nuevo, rehabilitar, respetando el entorno, ¡pensando!… que tanto envidia uno cuando viaja por Europa, en España se desprecia, es mejor lo nuevo, lo grande, lo caro, lo inmediato, lo de “no me vengas con tonterías”, el irrespeto… ¡Paletos! Y los arquitectos han contribuido a esto, pero con sus argucias, escondiendo su incapacidad de reflexionar y de oponerse a la corriente y, en contra de lo que pensaban, perdiendo originalidad, todos montados en la misma ola. Asidos únicamente en la creencia de la “novedad” como valor supremo, han creado monstruosidades que, si no se valoran, es porque el lego no las comprende, pobrecito; mientras, en las universidades adoctrinaban en esta nueva tendencia formalista y asocial, despojando cada vez más a los arquitectos de los conocimientos técnicos y sociales que habrían podido desviarlos del la senda luminosa.

Por descarado, sin complejos, Calatrava ha personificado mejor que nadie esta tendencia en España, con el consiguiente odio de sus compañeros de profesión, que pensaban que andaban haciendo otra cosa, menos formalista y con más sentido; le da la risa a uno cuando ve la ampliación del Reina Sofía en Madrid de Jean Nouvel, nuevo edificio de Nieto y Sobejano en Tribunal, el Edificio Mirador de MVRDV en Sanchinarro, la Cajá Mágica de Perrault, algunos edificios de vivienda de los PAUs y un largo etcétera.

Pero desde luego, estaremos de acuerdo, él se lleva la palma: La Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, el Auditorio de Tenerife, … proyectos exagerados urbanísticamente, sin sentido arquitectónico (“¿Para qué sirve exactamente el arco de 100 m de longitud de Tenerife? – se pregunta algún tinerfeño -. Como arquitecto me quedo callado, ¿cuánto habrá costado está mierda?”), con grandes sobrecostes y llenos de operaciones opacas.

El palacio de congresos de OviedoComo ejemplo de proyecto megalómano y desproporcionado a escala urbana, nos quedamos sin duda con uno de los menos conocidos: el Palacio de Congresos de Oviedo. Oviedo, con una población de algo más de 200.000 habitantes, quería ponerse en el mapa. Qué mejor que aterrice el Halcón Milenario pero en 10 veces más grande, en la ciudad. ¿Qué está fuera de escala? Da igual, si la ciudad no cuenta, sólo cuenta el tamaño de mi ego. ¿Qué es una veleidad que consiste en levantar una manzana clásica en U a 30 metros de altura, creando un engendro que ni siquiera libera espacio a nivel de calle porque hay que sujetar esa “manzana voladora” con una estructura inmensa? Pues ponemos un huevo gigante en medio y se acabó. ¿Qué la estructura móvil del complejo, tras una millonada de sobrecoste, no funciona? Pero si ese es precisamente la impronta que Calatrava deja en sus proyectos, ¿de qué te quejas?

El palacio de congresos de Oviedo

En cuanto al oscurantismo de las concesiones, llenas de trapicheos como ya se denuncia en otras webs (ver www.calatravatelaclava.com), destacamos el caso de las torres fantasma, en el que Calatrava cobró 15 millones de euros por unas maquetas y cuatro planos y en el que, como bien se explica largamente y con detalle en el blog n+1, la adjudicación fue irregular, estaba apalabrada previamente y se justificó únicamente por motivos artísticos. En el blog se comenta, a raíz de una declaración del modélico Francisco Camps, el papel que han jugado nuestros políticos con todos estos tejemanejes, lo que nos parece un buen ejemplo de los baremos morales utilizados en el periodo:

Para el señor Camps, el arquitecto mas importante que ha tenido nuestra historia es Santiago Calatrava. Una muestra más de la indigencia intelectual que adorna a nuestros políticos que suelen confundir, como todo nuevo rico hortera de escasa cultura, lo caro con lo excelente y el precio con el valor.

Lo que no deja detrás a Calatrava, que, además, como buen patriota rico que se precie, factura en suiza:

El domicilio de SC S.A. es Suiza. Cantón de Zurich concretamente, cosa que me parece magnifica pero que me importa entre poco y nada dado que está contratando en España y que, además, lo esta haciendo con una administración publica que debería ser mas cuidadosa con esta política de gestos que –estando como estamos- roza lo indignante. Parece que en este sentido también se equivocaba Don Francisco Camps: Calatrava no es el arquitecto más famoso de toda nuestra historia, lo será en cualquier caso, de la historia del cantón de Zurich, Suiza.

En fin, al que haya llegado hasta aquí, se lo agradecemos. Con este artículo hemos querido resumir y dar una idea, subjetiva sin complejos, de aquello a lo que no queremos contribuir como profesionales y desligarnos claramente de una profesión que ha sido cuanto menos connivente, cuando no cómplice, con uno de los periodos de más bajeza moral de la historia de España, que ya es decir.

Panico-ciudad_EDICRT20131229_0001_3

Os recomendamos la bibliografía en la que se ha apoyado este texto:

-Observatorio Metropolitano de Madrid (2013), «Competitividad territorial y circuito secundario de acumulación. El paroxismo de un caso: el ciclo español de 1995-2007», Paisajes devastados. Después del ciclo inmobiliario: impactos regionales y urbanos de la crisis, Madrid: Traficantes de sueños, págs. 25-75.

-Segura, P. (2013), «Infraestructuras de transporte, impacto territorial y crisis», Paisajes devastados. Después del ciclo inmobiliario: impactos regionales y urbanos de la crisis, Madrid: Traficantes de sueños, págs. 77-122.

-Muñoz Molina, A. (2013), Todo lo que era sólido, Barcelona: Seix Barral.

-Jose María Echarte (2011), «Anatomía de un contrato», Blog n+1, http://nmas1.wordpress.com/2011/10/27/anatomia-de-un-contrato/ [última consulta: 24-04-14]

Os dejamos también con una iniciativa interesante de visualización del proceso inmobiliario:

http://www.nacionrotonda.com

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